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Buenas prácticas diarias del equipo de un restaurante para proteger los datos

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· 30 may 2026 · 8 min de lectura

Artículo de carácter divulgativo. No sustituye al asesoramiento profesional individualizado.

La protección de datos en un restaurante no se juega en los documentos, se juega en el turno. Una hoja de reservas olvidada en barra, una foto de comanda enviada al grupo del personal, un PIN del TPV compartido con un extra que entró ayer: cada gesto cotidiano define lo que el restaurante hace de verdad con la información de sus clientes y de su equipo.

Esta guía recoge rutinas concretas para sala, cocina y administración. No es un curso jurídico: son hábitos que ordenan la operativa y, de paso, cumplen con el RGPD, la LOPDGDD y la normativa laboral aplicable.

Por qué las buenas prácticas diarias son la mejor inversión

El art. 32 RGPD exige al responsable aplicar medidas técnicas y organizativas apropiadas al riesgo. En un restaurante, el riesgo cotidiano no son los grandes ciberataques: son los descuidos del día a día. La hoja de reservas que se queda en el atril, el papel con teléfonos de clientes que cambia de mano, la cuenta de Gmail abierta en el ordenador de cocina cuando hay un cambio de turno.

Trabajar las buenas prácticas tiene una recompensa inmediata: el equipo gana tranquilidad, el cliente percibe profesionalidad y la dirección sabe dónde están sus datos sin necesidad de auditorías constantes. No hay que pensarlo en clave de miedo: hay que pensarlo en clave de oficio.

Contraseñas y accesos al TPV: un código por persona

El TPV es el corazón operativo del restaurante. Concentra tickets, formas de pago, anulaciones, descuentos, fidelización y, en muchos casos, también la ficha del cliente y las alergias. Cualquier acceso debe quedar identificado.

  • Un código de acceso por persona (PIN, tarjeta o usuario). Nunca compartido entre turnos.
  • Permisos por rol: camarero, jefe de sala, encargado, administración. Solo el rol que necesita anular tickets o ver listados de clientes accede a esas opciones.
  • Cierre de sesión al salir del puesto (incluso para ir a por una bandeja: el TPV con sesión abierta es una puerta abierta).
  • Alta y baja de usuarios en el día: cuando alguien se incorpora, se le crea cuenta; cuando se marcha, se revoca esa misma jornada.
  • Cambio inmediato de contraseñas ante cualquier sospecha de filtración o pérdida de un dispositivo del personal.

La regla básica: si una operación queda registrada con el código de Juan, debió hacerla Juan. Esa trazabilidad protege a todos —al cliente, al equipo y al responsable—.

Alergias: apunte para cocina, no historial médico

La regla de oro en sala es sencilla: la alergia es un apunte vital para la cocina durante el servicio. El cocinero necesita saber qué no puede haber en el plato. Una vez el cliente se va, ese dato se borra de la comanda y la hoja se destruye. Tres reglas operativas:

  • Recoger lo justo. Solo lo que cocina necesita saber para preparar el plato sin riesgo. No hace falta el historial médico del cliente.
  • Comunicar de forma discreta. Anotar en la comanda o en el sistema, no comentar en alto entre mesas.
  • Borrar al cerrar servicio. Si la alergia se anotó para esa cena, no debe quedar en una hoja suelta perdida en barra al día siguiente.

Si el restaurante quiere guardar la alergia de forma permanente (en el CRM, en la ficha del cliente del TPV o en un programa de fidelización), hace falta el consentimiento explícito del propio cliente: una casilla específica y desmarcada por defecto en el motor de reservas web ("Consiento que guarden mis datos de alergias para futuras visitas"), o una firma específica en la ficha física. Nunca sirve un genérico "acepto los términos".

Tratado con orden, es ética profesional y atención al detalle: el cliente vuelve porque se ha sentido cuidado.

Reservas y comunicaciones con clientes: WhatsApp solo si hay base y canal verificado

Llamar al cliente para confirmar una reserva o avisar de un cambio de horario es servicio. Pero el canal importa. WhatsApp sobre el número personal del camarero no es un canal corporativo; agrupa números personales de la plantilla y del cliente, sin control del responsable.

Buenas prácticas básicas:

  • Un número del restaurante (línea corporativa) para mensajería de reservas, separada de los móviles del personal.
  • Mensajes mínimos: nombre, hora, número de comensales, mesa. No incluir alergias, datos médicos, datos de pago o quejas anteriores.
  • Confirmaciones por email o sistema de reservas cuando el cliente lo facilita: trazabilidad y cláusula informativa al final del mensaje.
  • Marketing y promociones solo a quien haya dado base para recibirlas (consentimiento del art. 6.1.a o, si encaja, el supuesto del art. 21.2 LSSICE de clientela existente con productos análogos).
  • Baja accesible en cada comunicación comercial.

Documentos en papel: armarios con llave, destrucción segura

Aunque casi todo está digitalizado, en hostelería sobrevive bastante papel: comandas, hojas de reservas del día, cuadrantes de turnos, listados de fidelización impresos, copias de albaranes. Hábitos básicos:

  • Mesa de paso, no mesa de archivo. El papel del servicio se procesa al cierre y no queda visible en barra o pase.
  • Armario con llave para documentos que deban conservarse temporalmente (cuadrantes, fichas, copias de albaranes).
  • Destrucción segura al final del ciclo: destructora propia o contrato con empresa de retirada y destrucción confidencial.
  • Nada de tirar comandas íntegras a la papelera de sala: en cubo de papel general, no.
  • Backup digital de lo crítico: cuadrantes, partes de incidencias, formación.

Videovigilancia en sala y cocina: qué se puede grabar, plazo de 30 días, señalización

La videovigilancia es una herramienta legítima de seguridad y prevención, pero está sometida a reglas claras. La principal norma de referencia en España es el art. 22 LOPDGDD:

  • Finalidad delimitada: preservar la seguridad de personas, bienes e instalaciones.
  • Plazo máximo de conservación: un mes desde la captación, salvo conservación por requerimiento judicial, policial o para acreditar la comisión de actos contra personas o bienes (art. 22.3 LOPDGDD).
  • Dispositivo informativo en zona visible (cartel) con la información esencial del art. 13 RGPD y un sistema para acceder a la información completa (art. 22.4 LOPDGDD).
  • No grabar audio como regla general en espacios públicos del restaurante.
  • Zonas excluidas: vestuarios, aseos, comedor del personal o cualquier espacio reservado al descanso (art. 89.1 LOPDGDD para el ámbito laboral).
  • Cocina: si se graba con finalidad de control laboral, debe informarse expresamente a la plantilla y respetar el art. 89 LOPDGDD; no puede usarse para finalidades distintas (por ejemplo, evaluar el ánimo del equipo).

La normativa autonómica y la negociación colectiva sectorial pueden modular el alcance y la información a entregar, especialmente en lo relativo al control laboral.

Datos de empleados: control horario, nóminas, nada de WhatsApp para temas sensibles

El equipo del restaurante también es titular de datos personales que el responsable debe proteger con la misma diligencia. Buenas prácticas operativas:

  • Control horario digital. El fichaje puede hacerse por PIN, tarjeta RFID, app móvil o NFC. El registro horario se conserva durante cuatro años (art. 34.9 ET y art. 20 bis ET), accesible a la persona trabajadora, a la representación legal y a la Inspección de Trabajo. La normativa autonómica y el convenio colectivo aplicable pueden añadir requisitos de detalle.
  • Nóminas y contratos en sistema controlado (idealmente, plataforma de la gestoría con accesos individuales). No por email genérico, no por WhatsApp.
  • Bajas, incidencias médicas y datos sensibles laborales: nunca por el grupo de WhatsApp del personal. Canal directo con la persona responsable y soporte por escrito controlado.
  • Cuadrantes y vacaciones: visibles para el equipo solo en lo necesario; los motivos personales detrás de un cambio no se comparten.
  • Formación de bienvenida: cada nueva incorporación recibe, con su contrato, la cláusula informativa del art. 13 RGPD y una breve guía interna de buenas prácticas.

Qué hacer ante una brecha de seguridad

Una brecha de seguridad es cualquier incidente que provoque destrucción, pérdida o alteración accidental o ilícita de datos personales, o acceso no autorizado a los mismos (art. 4.12 RGPD). En un restaurante, ejemplos típicos son: pérdida de un USB con la base de fidelización, robo de un portátil de oficina, envío de un correo con copia visible a destinatarios que no debían verse entre sí, suplantación del email del jefe de sala.

El protocolo básico, condensado en pasos:

  1. Identificar y contener: qué ha pasado, qué sistemas o documentos están afectados, cómo cortar la exposición.
  2. Valorar el riesgo: qué datos, de qué personas, con qué impacto razonable.
  3. Documentar internamente: el art. 33.5 RGPD exige llevar registro interno de todas las brechas, aunque no se notifiquen.
  4. Notificar a la AEPD si procede: con carácter orientativo, en un plazo de 72 horas desde el conocimiento, cuando haya riesgo para los derechos y libertades (art. 33 RGPD).
  5. Notificar a los afectados si el riesgo es alto (art. 34 RGPD).
  6. Revisar y aprender: qué controles fallaron, qué cambia a partir de hoy.

El error más caro frente a una brecha no suele ser la brecha en sí, sino no haberla detectado a tiempo ni saber qué hacer con ella. Tener escrito el protocolo, aunque sea en una página, marca la diferencia.

"El cumplimiento en hostelería no se firma en una carpeta, se ejecuta en cada turno. Un PIN individual, una comanda destruida y un WhatsApp que no se manda valen más que diez políticas perfectas guardadas en un cajón."

Mario P. Talamillo · Socio director, Certix®

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Este contenido es meramente orientativo y divulgativo; no constituye en ningún caso asesoramiento jurídico especializado. La normativa autonómica sectorial puede ampliar o modificar los plazos y requisitos de la norma estatal. La aplicación de la normativa a cada caso concreto requiere análisis individualizado.

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